martes, septiembre 2

Lo típico.

Soy bastante desconfiado de los convencionalismos, soy de naturaleza rebelde y basta con que muchos piensen algo para que desconfíe de ésa idea. Siempre he partido de la base de que los listos son minoría y en consecuencia, las ideas con las que está decuerdo la mayoría de la gente no pueden ser inteligentes. No sé, siempre me pareció de cajón.


Como cabeza-cuadrada que soy desde bien pequeño, me he ido enfrentado con que a menudo no es necesario ser inteligente para aprender algo importante (bueno no TAN inteligente como para ser 'listo'...), la realidad de la vida te enseña muchas cosas a ti y a mucha otra gente. También me he dado cuenta de que la mayoría de los convencionalismos vienen de cuando vivíamos en pequeñas comunidades. Ésos convencionalismos eran beneficiosos para el grupo social, por motivos de salud, procreación y productividad principalmente.


Es decir tenían razón de ser porque nos daban una ventaja frente al pueblo de al lado. Pues bien, como todo lo ventajoso, con el tiempo todo el mundo adopta ésa actitud, dejando de ser ventajosa, ya que no te pone en una situación mejor que nadie. Cuando durante mucho tiempo se hace algo que se convierte en una costumbre que la sociedad 'conviene' o acuerda como positivo, es entonces cuando adoctrina a las generaciones venideras y lo convierte en una convencionalismo.


Entonces en que quedamos, la verdad, sigo desconfiando de lo que piensa la mayoría. No todo son convencionalismos antropológicamente justificables... y los que lo son, son a menudo caducos y poco aplicables a nuestro tiempo.


¿Qué solución nos queda? Ser críticos con las ideas, y cuidado, ser crítico no significa quejarse de las que no nos convienen. Ser crítico significa poner a examen todo aquello que venga impuesto sin justificación, sopesar pros y contras, alternativas, consecuencias directas e indirectas...


Estudiar en definitiva las decisiones que en la vida nos vemos obligados a tomar, o a veces libremente deseamos tomar para asegurarnos de que no lo hacemos por algún extraño impulso social, sino en expresión última de nuestra voluntad.


¿Te atreves a tomar las riendas de tu ppio destino? ó ¿Prefieres seguir la corriente y ver donde te lleva mientras culpas a otros de tu mala suerte o tus penas?