Quienes me conocen saben que soy una persona que se sirve del pragmatismo para su día a día.
Ser prágmatico es peligroso, ya que si pierdes el norte te acabas convirtiendo en una persona cínica y vacía que sólo se mueve por sus propios intereses. Ésta es una idea que siempre me ha preocupado, pero sé que mientras tenga claras mis prioridades y mis convicciones no me convertiré en ésa persona.
El pragmatismo es terriblemente útil para las decisiones diarias, hago hoy la compra o la hago mañana, compro magdalenas o bollos, tomo cafe descafeinado o con leche.. te otorga una gran flexibilidad, tan necesaria para poder adaptarnos a ésta vida siempre cambiante que vivimos. A la vez, te quita muchos quebraderos de cabeza y deseos que no te llevan más allá ni te van a hacer sentir más cómodo o más feliz. Te quita de la cabeza muchas cosas que te mete la sociedad del marketing, te ayuda a ir a tu ritmo en un mundo aborregado. Es casi perfecto.
Pero las conclusiones finales del pragmatismo, el motor interno que hace funcionar ésa idea no me ha gustado nunca. Ser práctico implica demasiadas cosas y está demasiado alejado de mi idea de equilibrio que siempre persigo como un burro una zanahoria..
Para aquellos que puedan ir camino del cinismo a través del pragmatismo, un consejo. No olvidéis nunca vuestros valores, y ponedlos siempre por encima de vuestro pragmatismo, no dejéis nunca vuestro niño interior atrás, por mucho que sufra en vuestro viaje, él es el más indicado, desde su inocencia para para tomar ciertas decisiones.
Hago un inciso, hoy cumplo 29 años, éste ha sido un buen año, pues he llorado, sufrido, investigado, experimentado, descubierto, viajado, conocido, me he sorprendido, me he quedado sin aliento, corrido, andado, paseado, arriesgado, amado.. no ha sido sólo bueno, ha sido un gran año y éste nuevo que se presenta ante mi, no ha podido comenzar de mejor manera.
Ratoncilla de biblioteca
Hace 1 día
